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Historia de Cementerios Municipales - SAN CARLOS

          
 

 
Cementerio de San Carlos (Pcia de Mendoza)
Por Gilberto Amador Vega

Era costumbre en la época hispánica que los cementerios, por lo general, estuvieran ubicados a un costado de la Iglesia, mientras que los restos de los vecinos o personajes caracterizados eran sepultados en el interior de los templos. Testimonio de ello es que, en varias iglesias de nuestra ciudad capital se hallan los restos de personajes o próceres, tales como Don Manuel Ignacio Molina, representante de Mendoza ante la Primera Junta de Gobierno, en 1810, que se encuentra en la Basílica de Santo Domingo. Los del General José Albino Gutiérrez, muerto en la Batalla de Aguanda, en San Carlos, están en la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced. Don Martín Zapata representante de Mendoza en el Congreso Constituyente de 1853 y sus familiares están en la histórica Capilla del Plumerillo. Igualmente, en la Catedral de Loreto hay una gran cantidad de personajes.

San Carlos no estaba ajeno a ello, así nos demuestra este informe del mes enero de 1873 del Subdelegado Don Manuel Furque, quien dice: " que es muy notable la falta de una construcción de un nuevo cementerio, separado de la población, porque el antiguo que hay es nocivo a la salubridad en general, y está en la plaza junto a la Iglesia".

Este informe nos deja traslucir lo progresista que ha sido el Subdelegado, al lanzar una iniciativa de esta naturaleza tan importante más aún teniendo en cuenta que se trataba de una sociedad tradicionalista de usos y costumbres tan cerradas, como lo era en aquel entonces.

Esta iniciativa, fue continuada por otro subdelegado con las mismas inquietudes que el anterior, Don Francisco Álvarez, quien el 25 de marzo de 1874, se dirige al Ministro de Gobierno informándole que "en todos los pueblos cultos está situado fuera. La mansión de los muertos debe estar en el retiro y más que todo es antihigiénico".

"Aquí, el cementerio está al lado de la iglesia parroquial, a pocas varas de la plaza, pero ¡qué cementerio!, es necesario verlo. Es tan estrecho para este departamento de 5.000 habitantes, por lo que ya cuenta dificultades para enterrar los cadáveres. He tenido curiosidad de hacerlo medir, para que el Gobierno pueda comparar el área de terreno que encierra: mide 30 varas de frente por 30 de fondo, lo que hace una superficie de 900 varas cuadradas". (125)

Según nota del 1º de Octubre de 1875 del Ministro de Gobierno, apoya favorablemente tal iniciativa comprando el terreno y referente a ello, el Subdelegado, le pone en conocimiento diciendo que " se ha procedido a su adquisición, el que debe servir para la instalación del nuevo cementerio de San Carlos, y al efecto adjuntó la escritura de venta hecha por Don Antonio Carrión, propietario del terreno, al Subdelegado Don Francisco Álvarez, en representación del Estado ". (126)

Dicho terreno está diecisiete cuadras al S. O de la Villa y tenía por límites al Poniente y Sud con el mismo vendedor, por el naciente con derechos de Doña Petrona Leguizamón y por el Norte con la calle Pública. Su costo se estipuló en cincuenta pesos bolivianos. Una vez conseguido el terreno, se procedió a iniciar las obras de su construcción lo que se hizo no sólo con la ayuda del gobierno, sino también con donativos hechos por el vecindario.

La tarea constructiva estuvo bajo la dirección del Subdelegado que solicitó su traslado, Don Manuel Furgue, de acuerdo al plano dado por el Gobierno (127). Más tarde, el Señor Furgue es reemplazado por el Sr. Calderón y la obra quedó inconclusa, ya que faltaban algunas tareas de ornato y cierre total de acuerdo al plano ya citado.

Aparte de ello, se había planteado un problema sobre su administración, ya que con anterioridad estuvo en manos de la Iglesia, quien era la que por aquella época, llevaba en forma gratuita el control de las defunciones. El Sr. Calderón pide que sea el sacerdote quien continúe con esa tarea. Pero 10 años más tarde, con fecha 15 de Junio de 1886, el Subdelegado Primitivo Santibáñez, argumentando desatención, se dirige al Ministro de Gobierno informándole tal situación, a la vez que le solicita "que el Cementerio vuelva a la dirección del Subdelegado, previa intervención que corresponda a la Iglesia, aunque sus rentas no se podrían considerar como recursos para salvar al deplorable estado, pero sería una base y sobre ésta se solicitará el concurso de los vecinos".(128)

Así es como la administración del Cementerio, vuelve nuevamente a los Subdelegados, percibiendo algunos impuestos para su mantención, tal como se hace en la actualidad, lo que nunca fue suficiente. Y es que a pesar de todo, su atención siempre dejó mucho que desear y, hasta hace algunas décadas se permitía instalar ramadones para la venta de bebidas y comidas el día de los fieles difuntos, que siempre terminaban en borracheras y festines desagradables.

Una vez creada y organizada la Municipalidad, ésta se hizo cargo de su atención. Últimamente se lo ha renovado con la construcción de nuevos pabellones de nichos, como también de una hermosa capilla de sobrias y elegantes líneas arquitectónicas, digna de la metrópoli, que este laborioso y progresista pueblo de San Carlos se merece. -